Bye bye Nochebuena

Debo confesar que me daba algo de miedo que llegara ayer, Nochebuena. Como ya he comentado anteriormente, me quedaba sola en casa a cenar y aunque no soy una persona familiar ni me llevo bien con mi familia (los últimos 6 años he pasado siempre Nochebuena y Nochevieja en casa de una amiga, que su familia siempre me acogió como si fuera una más), este año que mi amiga la pasaba en casa de los padres de su novio con su hijo y demás me sentía triste, sola y rara, muy rara. Yo sola estuve a punto de caer en algo que te contaré mas abajo en este post, pero siendo realista y sin amargarme, me lo pasé genial y me sentí muy bien durante todo el día.

La cosa es que ayer llegó, y como es tradición en mi ciudad me fuí despues de comer a un botellón diurno que es un poco la excusa para reencontrarse con mucha gente que no ves el resto del año y echar un día de risas y bebidas al sol. Pasé la tarde allí y volví a casa, y, al contrario de lo que esperaba, me sentía bien (y no, no era sólo por culpa del señor Daniels, Jack Daniels :P)

Me bebí una cervecita mientras veía los mil especiales de los Simpson que emitía Antena 3 y después volví a salir otro rato con unas amigas. Estaba todo nubladísimo y hacía un viento y humedad terribles así que volví pronto a casa de bastante buen humor y deseando coger mi cama y edredón nórdico por banda.

No podía dormir así que he pasado la noche leyendo. Terminé “El Angel Perdido” de Javier Sierra (muy entretenido, aunque había cosas que no me cuadraban y el final me dejó un poco fría) y me puse a leer un libro que llevaba mucho tiempo con ganas de empezar: “El arte de no amargarse la vida” de Rafael Santandreu. Ya conocía a este psicólogo desde hacía tiempo tras ver esta charla suya en Youtube, MUY recomendable, y le tenía ganas al libro. Es una lectura ligera y amena que te hace darte cuenta de muchas cosas. Todas las personas que queremos superarnos, mejorar, cambiar DE VERDAD nuestras vidas deberíamos de echarle un vistazo a esas verdades sobre nosotros mismos que tantas veces no somos capaces de ver de primeras.

El arte de no amargarse la vida

 

Una de las cosas en las que Santandreu hace más hincapié es en esa capacidad innata que tenemos las personas de caer en la terribilitis. Cuando asumimos todo de forma negativa, cualquier tontería se convierte en algo terrible. Solemos saltarnos un paso imprescindible entre un hecho y nuestra reacción que es pensar y nos montamos unas películas en la cabeza que no existen pero que nos joden (más bien nos jodemos) la vida y hacemos de ello un drama.

Voy a aplicar eso a comer sano y hacer deporte. Intento comer sano y hacer todo el ejercicio posible y es algo que disfruto, ¿pero que pasa si caigo en la terribilitis y me pongo ciega a churros como he hecho esta mañana y además no he hecho deporte?

Si caigo en la terribilitis voy a empezar a darle vueltas a la cabeza y pensar “luego me quejo de que no consigo perder la grasa que me queda, que no me queda bien la ropa y yo aquí comiendo como una cerda que asco es que voy a ser una foca nunca conseguiré lo que quiero, es tontería seguir esforzándome se acabó que asco me doy”. Eso dará lugar a sentimientos de frustración, vergüenza, asco y derrota que irán en espiral y me llevarán a pensar que nadie me va a querer, que jamás seré deseable, que cómo voy a conseguir encontrar trabajo si no paro de comer churros como una elefanta africana.

Yo no pienso así, de hecho es un regalo que me he hecho a mí misma porque me apetecía y estoy tan contenta de haberme comido los churritos, es sólo un ejemplo que te pongo para que veas lo que quiero decir.

Así que veamos, ¿es tan terrible que me haya dado ese homenaje esta mañana? Comparemos. Hartarse de comer churros puede ser hasta (casi) bueno si es algo puntual en una fecha determinada como un 25 de diciembre siempre que no te sienten mal. Que después de comerlos me sienta pesada es algo regular. Qué después de comerlos me entre una diarrea asquerosa es algo malo. Que me ahogue comiéndolos y muera es algo terrible. No me impide entrenar o hacer nada, no me va hacer engordar (sólo son unos churritos, en un momento puntual y dentro de una alimentación equilibrada y vida activa).

Siendo realistas, lo peor que va a pasarme es que no me sienten bien y no va a tener más consecuencias. Tendemos a ponernos siempre en lo peor y empezar a teorizar y desquiciarnos con las cosas pero viéndolo con objetividad y comparando esas cosas con algo que realmente sea terrible es una buena forma de ver que le estamos dando una importancia enorme a cosas que no tienen apenas o ninguna. ¿Eres capaz de aplicar todo esto a las comidas navideñas que tanto te agobian? ¿A todas esas situaciones de la vida que te bloquean y que te parecen un mundo?

Tanto en el libro como en la conferencia, Rafael Santandreu cuenta la historia de Jordi, un niño de 14 años que se intentó suicidar porque suspendió 3 asignaturas en el colegio. Su madre le decía de pequeño, estudia o serás un vagabundo, y no hay nada peor que eso.

Así que, cuando Jordi suspendió 3 asignaturas, empezó a pensar que repetiría curso, que si no le iba bien al año siguiente volvería a repetir y le echarían del colegio. Que si pasaba eso no sería capaz de sacarse la secundaria, ni estudiar una carrera por lo que terminaría de reponedor de supermercado o peor. Que ninguna mujer le querría porque sería un matao de la vida y que ante semejante percal, mejor morirse.

No me voy a extender más por hoy, pero espero que hayas captado el mensaje y que intentes tomarte las cosas de otra manera. Hoy me voy a dedicar a hacer ejercicios de realidad para ver que cosas de mi vida estoy “terribilizando”, verlas con objetividad e intentar cambiar lo posible para solucionarlas.

Y tú, ¿también sufres de terribilitis? 😉

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4 comentarios sobre “Bye bye Nochebuena

  1. Yo no sufro de terribilitis, al contrario: soy consciente de que cuando quiero una cosa DE VERDAD, la consigo. Desde niña me ha pasado, cuando algo me ha resultado imprescindible, de alguna manera he hecho lo necesario para obtenerlo.

    La pregunta lógica es: ¿realmente me importa tanto estar gorda?
    La otra pregunta (menos lógica) es: ¿Las elefantas africanas comen churros?
    Claro que, esta última, como no se la pregunte al rey, ya me contarás a quién se la pregunto…

    1. Me alegro de que no sufras de terribilitis Amelia 🙂 Quizá la respuesta venga de tu pregunta lógica (o quizá no porque es algo que te hace sufrir, pero a lo mejor haya otras cosas que tengan más prioridad y en las que estás más centrada que en eso). Yo estoy convencida de que lo conseguirás, y que es solo cuestión de encontrar lo que te funcione .
      A lo de las elefantas… ya podía haber dicho algo el rey en su discurso navideño jajaja. Yo me lo imagino con un carajillo y unos churros y su boina esperando que salgan las elefantas pero es que mi imaginación suele ser bastante (demasiado) absurda…

      1. Siempre he hecho las cosas urgentes y he dejado un poco de lado las importantes. A veces coinciden, a veces no.
        De todas formas, peso más de lo que aparento, así que en el fondo tampoco estoy tan obsesionada con el peso. Me agobio más por ver el número de la báscula que por verme ante el espejo.

        Por cierto, qué guapa eres, jodía. He visto la fotico esa que sale a tu lado (no como la cosa esta azul que sale en mi lado, ja ja ja).

        Esta vez voy a intentar algo nuevo que creo que me va a funcionar, por sencillo y por ser de mi estilo (de apuntar en papel, vamos). Mañana lo cuento.

        Un beso.

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