Ni se acaba el mundo, ni se agotan las ganas :)

El jueves por la noche nos juntamos unos cuantos amigos en una casa para recibir a dos amigos que acababan de llegar de fuera y no les veía desde verano, nos abrimos unas cervecitas y nos pusimos a organizar una nueva sociedad tras el fin del mundo (que interpretábamos según el supuesto apagón tecnológico jajaja). Repartimos papeles y responsabilidades, buscamos puntos de reunión, establecimos algunas normas… y sí, como te puedes imaginar, nos cogimos una borrachera guapa y nos divertimos muchísimo.

Como estaba claro que no iba a pasar nada, lo cogimos como una excusa más para juntarnos. Todo es más fácil en compañía y siempre, SIEMPRE, tendremos mejores resultados en todo si nos lo tomamos con humor.

Por eso, lo más importante cuando haces ejercicio, comes bien y quieres ver resultados en tu cuerpo, es asimilar que no te estás castigando, que no estás haciendo un esfuerzo sobrehumano, que no te estás privando, quitando, obligando a ABSOLUTAMENTE NADA.

¿Qué fácil es decirlo verdad? Ya lo sé pero hay que hacer un esfuerzo, o más bien no hay que hacerlo, porque es algo que no necesitamos. Una reunión social es igual de buena sin atiborrarse a mantecados, turrones, y demás porquerías. Ahora con las fiestas hay muchas tentaciones, muchísimas. Comidas familiares, con los amigos, del trabajo (para aquellos afortunados que lo tienen). Vas al súper y es abrumador la cantidad de dulces y demás que ves, que te encantan y que te meten por los ojos a cada paso que dás.

Como ya se ha comentado en otros blogs, es como si todo el mundo que está intentando perder peso y vivir de forma más sana  haya desaparecido del mapa, y otra gente que escribe habla con la preocupación por lo que viene y por lo que está viniendo.

Y ahí es donde está el problema. ¿Por qué no somos capaces de resistirnos y comer sólo lo necesario? ¿Por qué esa obsesión por perder peso antes de las fiestas y llegan y nos ponemos hasta el puto culo? ¿Por qué el no atiborrarse de comidas de las que no nos acordamos el resto del año y que no nos aportan nada bueno se convierte en un drama? Como siempre es culpa de nuestro cerebro, que adora las calorías (sobre esto se hablaba también en el libro de Elsa Punset del que te hablé hace poco)

Yo admito que en mi caso es más fácil abstenerme porque vivo sola y no tengo familia aquí, así que si entra un turrón o un chocolate en casa es porque lo compre yo (cosa que de momento no he hecho), no tengo trabajo así que no hay opción de comidas de empresa, y en el caso de nochebuena estaré sola en casa también así que para mi va a ser una noche normal y corriente y mi alimentación también lo será. Pero en estos últimos años siempre que he comido con más gente en estas fechas no he sentido tampoco las ganas ni necesidad de atiborrarme o comer más de la cuenta (por más rico que esté lo que coma, me gusta más darle al vinito que al plato jeje).

Quizá por eso veo las cosas de otra manera, o quizá esté como una cabra, pero es que no lo entiendo. No entiendo el sufrimiento que puede llegar a ser para mucha gente el no atiborrarse, el “resistirse” a algo o la obligación mental de no decir no a esos excesos cuando no es algo necesario y después les crea tanta ansiedad y arrepentimiento.

Supongo que es un complejo social que tenemos implantado en ese cerebro tan jodío nuestro, que tanto se esfuerza en llevarnos por la calle de la amargura. Pero también entiendo que cuando alguien está convencido de que está “a dieta” (si me has leído hasta ahora sabes ya que odio esa palabra y creo que la palabra en sí y su concepto es la mayor razón de que dé tantos fracasos) y vive restringiéndose, controlándose, agobiado pensando en no me la puedo saltar, no debo comer esto, ahora lo otro se va a notar en la báscula, con los consiguientes sentimientos de vergüenza y frustración que vienen al fallar en algún momento y el derrotismo que les sigue de bueno ya que estoy… Se que es duro porque he estado ahí, y no merece la pena.

Así que párate y piensa qué es lo que quieres hacer, respira, y no te agobies. ¿Te apetece un turrón? Cómetelo si te apetece de verdad. ¿Tienes comidas especiales con familia y amigos? No te prives y no sufras, pero escucha a tu cuerpo y no te dejes llevar ni te ciegues por todo lo que ves delante. Se consciente de lo que haces. No te quejes si subes de peso si sabes que lo estás haciendo mal, pero tampoco te agobies ni te hundas. Tienes el poder de decidir y hay muchas formas más sanas de comer y disfrutar en estos días.

No te olvides de moverte, de reirte, de disfrutar de los tuyos, de aprovechar el momento… eso es lo importante. No las comidas que sí, están muy ricas, pero piensa que probablemente, más de la mitad de lo que comemos en estas fechas alimenta más el alma que el cuerpo, y el alma de lo que se tiene que alimentar es de positividad, de cariño y de momentos felices. Además recuerda, que a más pienses en las comidas y te agobies por ello, más ganas les tendrás y peor te sentirás después.

Si lo haces bien, ¡enhorabuena! Estás escuchando a tu cuerpo y asumiendo que en ningún momento te estás castigando y sientete orgullos@de ti mism@. Si no lo haces bien, asúmelo y no te preocupes ni avergüences. Ir por el buen camino solo depende de tí, y la opción de hacer las cosas bien SIEMPRE estará en tu mano y nadie te la va a quitar.

Asi que hagas lo que hagas, disfruta estos días en compañía de los tuyos, aprecia más los buenos momentos que las comidas y sé muy feliz 🙂

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